Ojalá tuviese unos labios más carnosos y una sonrisa más bonita para encandilarte. Ojalá mi pelo fuese perfecto y estuviese siempre a tu gusto. Ojalá que mi cintura fuese estrecha y mis pechos más voluptuosos. Ojalá tuviese unas piernas bien torneadas y un culo de esos que no quieres parar de pellizcar.
Ojalá no tuviese esa voz tan horrible que hace que mi ilusión del dobaje se rompa en mil pedazos cada vez que me oigo en cualquier grabación.
Ojalá fuese capaz de ser inteligente y deslumbrante, ojalá hubiese algo que se me diese bien en esta vida. Ojalá pudiese sentarme horas y horas a hablar contigo sin que la mayoría de mis aportes a la conversación sean exclamaciones de asombro ante tu sabiduría. Ojalá pudieras pedirme cualquier cosa y yo aceptar encantada sabiendo que voy a poder hacerlo. Y ojalá pueda decirte tantas cosas.
Ojalá pueda dejar de obsesionarme y dejar de pensar que vas a hacerme daño. Y ojalá entiendas que realmente, muy en el fondo, estoy un poco loca.
Ojalá algún día pueda tener las cosas claras y la mente despejada.
Ojalá pueda estar en mi cama tapada hasta las orejas y desperdiciar ese día de mi vida sumida en la más absoluta autocompasión. Usualmente lo necesito y hace mucho que no puedo hacerlo.

Y, en definitiva, ojalá que llegue el día en el que me sienta orgullosa de mí misma.

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