… pero este no era un hobbit corriente. Era un hobbit destinado a hacer grandes cosas.

El otro día volví a ver El Hobbit. Dos semanas después de su estreno y me ha vuelto a fascinar. He podido verla en 3D HFR que era un formato por el que sentía cierto rechazo debido a que las primeras opiniones que lei no eran muy alentadoras. Sin embargo, la curiosidad me pudo y me he plantado en el cine en compañía de dos amigos, mi menú especial de El Hobbit (¡ya solo me queda la figurita de Gandalf!), mis gafas 3D… y la magia ha desfilado delante de mis ojos.

Mentiría si no dijese que en un primer momento me ha supuesto un “peroquécojones” enorme. Y es que a ver, la gente dice “movimiento fluido” pero yo solo veo que los personajes van corriendo a todas partes. De hecho, en los primeros minutos de proyección he visto a Bilbo correr por Bolsón Cerrado y abrir su baúl con una mala leche que daba susto. Pero esto solo ha durado eso, unos pocos minutos para que mi cerebro y mi ojo se acostumbrasen y he disfrutado como la decimocuarta enana de la compañía de Thorin Escudo de Roble.

Hay opiniones de todo tipo: que si Radagast el Pardo es una parte que sobra totalmente de la película, que está llena de altibajos, que Peter Jackson es un abusón… todas ellas respetables. Pero, personalmente, llevaba 9 años esperando volver a sentir la magia de ese universo. Esa magia que Peter Jackson sabe transmitir. Y la película, de principio a fin, con su banda sonora, con su fotografía… ha sabido mantenerme atrapada en la butaca sin poder despegar los ojos de la pantalla.

¡Y existen los enanos sexys! Thorin es SEXY. Y Fili y Kili son un amor. AMOR.

¿A qué estáis esperando? Id a verla si aún no lo habéis hecho. Y llamadme, que estoy deseando verla otra vez.

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