Ayer me hicieron una pregunta, una pregunta muy simple pero que fue capaz de perturbar la paz de mi zumo de zanahoria. Y esta pregunta fue la siguiente:

“¿Qué piensas de la carrera de magisterio?”

Parece una pregunta inocente, pero realmente la pregunta venía a significar:

“¿A que tu también piensas que magisterio es una carrera de mierda?”

Entonces me molesté mucho, tanto que no pude dar una respuesta que me convenciese realmente sin quedar como una loca o una histérica. Así que voy a intentar explicarme aquí lo mejor que pueda:

Para empezar, para mí todas las carreras merecen la misma importancia. Reconozco que hay carreras y carreras, que cada carrera es un mundo y que quizá no todas entrañen la misma dificultad. Aunque esto también es subjetivo ya que soy una negada para los números y si decido entrar en Ingeniería suspenderé estrepitosamente y no con un 4 precisamente. Pero lo mismo que si alguien de ciencias decide hacer Filología clásica porque no le ha dado la nota para nada más. Por ello pienso que no hay que desprestigiar ninguna carrera ni considerar que “las de letras son para gente estúpida y su estupidez se confirma cuando suspende alguna asignatura” y “las de ciencias son para mentes pensantes ultra privilegiadas y, pobrecitos, normal que suspendan”.

Para continuar tengo que remontarme tiempo atrás, a mi época de instituto y mencionar el maravilloso sistema educativo que tenemos, lleno de cambios estúpidos que no sirven para nada. En tercero de la ESO estaba en una clase normal, con niños ni muy listos ni muy tontos aunque sí estaba el típico chaval que no quería estudiar y lo que quería era que llegasen sus 16 años para irse a hacer la Formación Profesional y dejar de levantarse a las 8:00 de la mañana 5/7 días a la semana para estar calentando una silla de una clase que le interesaba lo mismo que ver sus uñas crecer. La gran mayoría de los profesores (e incluso padres) demonizaban a este tipo de niños y los usaban como ejemplo, un mal ejemplo. Te educaban para mirar con desconfianza ese niño y pensar que si eras como él ibas a ser un fracasado toda tu vida. Y ahí está el primer problema: considerar que la FP es para gente inútil, sin futuro, que no tiene aspiraciones en su vida. Pero ah, esos puestos de trabajo que hay que cubrir… ¿qué pasa con ellos? Mejor que lo hagan los universitarios, que total, han estado años de su vida estudiando para cubrir una parte del mercado que, por nivel de estudios, NO LES CORRESPONDE.

Ahí está la primera parte de mi enfado.

La segunda parte llega a la hora de elegir los itinerarios de bachillerato. Yo tenía muy claro que quería hacer humanidades desde que no levantaba un metro del suelo y cuando tuve la oportunidad me abracé a latín y a griego como si no hubiese un mañana. Y conmigo se abrazó más gente que sentía la misma vocación que yo… y más gente que decidió que el camino de la ciencia era muy difícil y que mejor probar con humanidades, “el itinerario más fácil”. Y ahí volvemos a entrar en la ira absoluta. Porque la gente piensa “letras” y automáticamente dice “es que escribir y leer sabe todo el mundo”. Pues no, es mucho más que eso. Hay que comprender y hay que dedicarle horas de esfuerzo porque en la vida no te regalan nada, seas de ciencias o seas de letras.

Y ya por último, algo que creo que está muy ligado a lo que acabo de decir. Aunque como está muy feo generalizar, me referiré a un caso muy hipotético: Acabas bachillerato y te han enseñado a odiar la FP… ¿qué es lo que te queda? La universidad. Pero no tienes vocación ninguna porque te han obligado a ir a remolque año tras año porque era tu obligación a pesar de haber cumplido la edad mínima para dejarlo y dedicarte a algo que te gustase más. Así que decides abrir el catálogo de carreras universitarias y directamente no miras los nombres, miras las notas de corte y, ¡tachán! magisterio se abre ante ti como la Tierra Prometida. Y allá que vas feliz de la vida porque vas a ser universitario.

Y digo magisterio como digo otras tantas carreras “de las fáciles” (muy entre comillas). Y estas carreras reciben año tras año gente sin vocación que sólo quiere un título para colgar de su pared y muchos recuerdos de una etapa que le vendieron como la única digna de ser vivida.

Por ello, a pesar de que el sistema educativo sea cuestionable (que, ojo, cambiaría tantas cosas de mi carrera que no sé por dónde empezar) no hay que olvidar que encontramos aulas llenas de gente que preferían cuatro años de “bueno, total, para estar en casa…” que contemplar otras opciones más válidas.

Pero claro, la culpa solo la tiene un parte. Como siempre.

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