King Cross, 1 de Septiembre. El Expreso de Hogwarts está a punto de partir y una niña pelirroja acompaña a sus hermanos junto con su madre a la estación. Los despide y llora. Y entonces ahí es donde te vi, mirando el tren alejarse. Te giraste lentamente y lo tuve muy claro. Ginny Weasley fuiste tú.

Ginny es un bebé. Es la pequeñita de su familia. Y ella lo odia, por supuesto. “¡Mamá, ya no soy una cría!”, aunque lo piensa más que lo dice. Frunce el ceño y ladea la boca, haciendo un mohín de disgusto de lo más tierno. A pesar de que se autoconvenza de que no es un bebé, le gusta que la abracen y que la mimen.

Es enigmática. Es cercana y distante. Es feliz y triste. Es misteriosa y es ambigua. Es dulce y ácida. Pero bella por dentro y por fuera. Risueña.

Y durante unos años de su vida, acompañó a su hermano a su King Cross particular y se despidió de él entre lágrimas. Su hermano iba a hacerse mayor mientras ella se sentía pequeñita en casa y acompañaba a sus padres. Ella deseaba que llegase ese momento, lo deseaba con todas sus fuerzas. Hasta que, ¡sorpresa!, el gran momento ha llegado. Tu carta de Hogwarts está en tus manos y abres el sobre con emoción. Retírate los cabellos rojizos del rostro y sonríe orgullosa. ¡Eres mayor! Aunque siempre serás la pequeñaja. La pequeñita. La bebé. Mi pequeña Ginny.

Solo que en este caso no te llamas Ginny. Te llamas Ángeles y estoy muy orgullosa de ti.

¡Suerte en esta nueva etapa de tu vida!

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