Nunca te pido cosas porque me parece muy hipócrita, ¿sabes? A ti, Padre nuestro que estás en los cielos, ¿cómo voy a pedirte algo si solo te nombro para soltar improperios hacia tu divina persona? Y después, no creo que seas tú el que hace que nos pasen cosas malas o cosas buenas. No creo en tus milagros ni en encontrarme contigo cuando muera. Pero oye, cosas más raras se han visto y no te niego para el que quiera creerte. Y, eh, te lo digo sin querer sonar prepotente, pero mi fe está muy tranquila.

Pero no vengo a hablarte de fe, porque sí, he venido para hablarte y rogarte. (Perdona los medios 2.0, pero rezar nunca fue mi fuerte… y supongo que en tu omnipotencia podrás leer esto.)

No te la lleves. Es lo más sincero que jamás podré pedirte. No nos la quites. Si esto es algún tipo de prueba, estás siendo muy cabrón. No nos hagas pasar por esto, ¿para qué quieres a una chiquilla que apenas llega a la treintena? Lo que tienes que hacer es ayudarla porque está luchando, sé que no descansará hasta verse fuera de ese hospital de vuelta con sus irresponsabilidades propias de la edad. Y créeme, nosotros la apoyaremos en todo momento. Así que, por favor, déjala vivir.

¿Por qué te pido esto? Porque nunca se me ha muerto nadie. Nunca. No quiero que ella sea la primera. No creo que sea justo que solo haya vivido 5 primaveras más que yo y me niego a aceptar que no le queda ninguna más por delante.

Claro que eso es un ruego vacío. No la vas a salvar tú, la van a salvar los médicos. Pero déjame que me apoye en ti y pueda murmurar un “gracias” en cuanto abra los ojos y nos mire a todos, sonriendo para recibirla.

Amén.

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